Más de 100.000 personas ahogadas por la situación de la vivienda se reunieron el pasado domingo 13 de octubre en una multitudinaria manifestación. La mañana estuvo marcada por la división entre una línea más institucional y otra más combativa: «Rentistas culpables, gobiernos responsables», señaló el bloque crítico a los agentes del malestar por la vivienda. Una de las reivindicaciones más sonadas de esta protesta fue precisamente la imposibilidad de pagar un alquiler que se encarece cada día más. Y es que la dificultad de acceso a una vivienda ha llegado a tal nivel de gravedad para algunos sectores de la clase trabajadora que el único horizonte que se llega a concebir para el problema es la “regulación de los alquileres”, que no es más que la regulación del beneficio de los rentistas.
La convocatoria de la manifestación vino por parte de la Plataforma por el Derecho Humano a la Vivienda, de la que ya hablamos en otro artículo. La única organización integrante de la plataforma que forma parte del movimiento de vivienda es el Sindicato de Inquilinas: el resto son organizaciones vinculadas al ámbito institucional (CCOO, UGT, Provivienda…). La perspectiva inicial, por tanto, era la de una manifestación enfocada a que la Comunidad de Madrid “aplique la Ley de Vivienda”, es decir, que los alquileres suban, sí, pero “sólo” un 3% anualmente.
Ante esta situación, el movimiento de vivienda de Madrid organizó un bloque crítico elevando el nivel de las consignas: contra el rentismo, señalando la responsabilidad del Gobierno y defendiendo la ocupación. El bloque consiguió reunir a más de una decena de asambleas, sindicatos de vivienda y PAHs de toda la Comunidad de Madrid (y a unas 2000 personas), detener parcialmente la manifestación con una sentada y leer un comunicado propio que señalaba la necesidad de la organización independiente de la clase trabajadora. El Sindicato de Inquilinas terminó convocando un bloque propio, pero compartió parte de las consignas del bloque crítico (exigiendo, por ejemplo, la dimisión de la Ministra de Vivienda) y llevó algunas propias (como su llamada a una “huelga de alquileres”).
La perspectiva inicial, por tanto, era la de una manifestación enfocada a que la Comunidad de Madrid “aplique la Ley de Vivienda”, es decir, que los alquileres suban, sí, pero “sólo” un 3% anualmente.
Tras la manifestación, la lucha por la vivienda está ganando cada vez más presencia en el debate público. Queda ver si esto se traduce en un aumento de fuerzas de la organización popular. Por lo pronto, tanto el Sindicato de Vivienda de Carabanchel como la PAH de Vallekas han conseguido aplazar con su resistencia en puerta dos desahucios convocados para la semana inmediatamente posterior a la manifestación (porque sí, sigue habiendo desahucios a diario).
El bloque crítico, a pesar de formarse apresuradamente ante una manifestación convocada con otra agenda, ha sido posible gracias al trabajo previo de coordinación del movimiento de vivienda (Encuentro General de Vivienda, Plan SAREB…). Quedan por subsanar aspectos como la falta de cohesión del bloque, con muchos momentos de silencio y consignas poco coordinadas, además de abordar debates de corte más estratégico, como la relación que deben tener el movimiento de vivienda y las instituciones del Estado.
Es necesario seguir profundizando en este trabajo para evitar improvisaciones y que las organizaciones de la clase trabajadora continúen la movilización en sus propios términos, exportando su propio mensaje. La política institucional y las estrategias populares enfocadas hacia ella sólo van a seguir mostrando su incapacidad para dar solución al problema de vivienda. La clase trabajadora demuestra cada día que sólo defiende sus viviendas organizándose y aumentando sus capacidades y herramientas de lucha.




